Lecciones de comunicación que aprendimos de la Historia

La Historia es, con mucha frecuencia, el mejor manual que podemos utilizar en campos muy diversos de nuestra actividad profesional. La comunicación no es inmune a este principio y, en un periodo relativamente reciente de nuestra Historia, descubrimos lecciones que deberíamos seguir aplicando hoy día. El periodismo, la oratoria y la comunicación política del último siglo nos pueden servir para que nuestros planes de comunicación sean efectivos a día de hoy

1. Una imagen vale más que mil palabras.

Esta es una expresión muy común que ha excedido los límites del campo de la comunicación y, a día de hoy, sigue siendo muy difícil contradecir su veracidad. Lo cierto es que vivimos en un mundo basado en la imagen, ya sea estática o en movimiento. Las redes sociales no han hecho otra cosa que poner al alcance de todos una comunicación basada en este elemento. Sirva como ejemplo el auge de networks como Instagram, Pinterest o Flickr.

El caso: Hay muchísimos ejemplos de este principio en la historia contemporánea. Quizás uno de los más famosos sea el expuesto a continuación: la fotografía de los soldados estadounidenses colocando una bandera en la isla japonesa de Iwo Jimma. La historia es de sobra conocida gracias, entre otras cosas, a la película de Clint Eastwood Banderas de nuestros padres (2006). En febrero de 1945, con la guerra casi tocando a su fin en Europa, las fuerzas armadas de Estados Unidos seguían enfrascadas en la Guerra del Pacífico contra Japón. Después de más de tres años de guerra, el pueblo norteamericano se encontraba hastiado de la continua pérdida de vidas así como del titánico esfuerzo económico que la guerra exigía. Esta fotografía, tomada por el fotografo de Associated Press Joe Rosenthal, supuso una inyección de moral enorme para una población agotada moral y económicamente. De hecho, la compra de bonos de guerra (elemento por el que se financiaba el ejército) aumentó de manera espectacular hasta los 26.000 millones de dólares después de la publicación de la imagen, algo que ni los discursos de las estrellas de Hollywood ni los llamamientos del popular presidente Roosevelt habían conseguido.

iwo-jima

2. El poder de una buena historia no tiene límites.

En la actualidad, con la creciente popularidad del storytelling o la publicidad emocional, a nadie le sorprende que una buena campaña de comunicación se base en la calidad de las historias que compartes con tus followers. Dotar de contenido dramático a las campañas empresariales contribuye a crear un elemento vivo, a superar el paradigma unidireccional de la publicidad convencional. No sólo son necesarias historias buenas, sino historias que  impliquen la interacción y participación de los destinatarios, que les mueva a actuar en una determinada dirección.

El caso: Resulta curioso cómo llegar diez minutos tarde puede cambiar completamente nuestra perspectiva del mundo en el que vivimos. Algo así pudo pensar el cineasta Orson Welles (quien posteriormente dirigiría Ciudadano Kane) en noviembre de 1938. En la tarde del 30 de octubre de 1938, Welles y su equipo de colaboradores del Mercury Theatre ultimaban los detalles de su próxima transmisión radiofónica. En aquella época, Orson se encontraba muy lejos de la popularidad que adquiriría en los próximos años y destinaba sus esfuerzos al teatro de Broadway y al espacio dramático que la CBS le había cedido la tarde del domingo.

Para esta ocasión, el polifacético artista había escogido una actualización del clásico de ciencia ficción La guerra de los mundos, de HG Wells. El espacio estaba planteado de manera totalmente verosímil y narraba cómo la propia CBS daría la noticia de la llegada de un grupo de extraterrestres hostiles. Dada su capacidad de confusión, el programa contaba con varias advertencias sobre la ficción del contenido, la primera de ellas al comienzo del espacio a las 8 de la tarde. Sin embargo, alrededor de las 8:10, el programa de mayor éxito de dicha franja horaria (el show de Charlie McCarthy) presentó a un cantante novel que no captó la atención de los oyentes. Miles de norteamericanos giraron casi al mismo tiempo los diales de sus radios para buscar algo más interesante… hasta dar con la CBS.

Cundió el pánico. De poco sirvieron las siguientes advertencias sobre la ficción del programa, porque ya casi nadie estaba escuchando la radio. La Armada de EEUU llegó a poner en estado de alerta a sus efectivos; se sucedieron por miles los avistamientos de supuestos meteoritos; las comisarías de policía de la Costa Este no daban a basto; los restaurantes de Nueva York se quedaron desiertos; las carreteras de Nueva Jersey, donde supuestamente habían aterrizado los marcianos, estuvieron atascadas durante horas.

Finalmente, a la mañana siguiente, miles de personas se volvieron encolerizadas hacia Welles, quien tuvo que pedir disculpas por lo que no había sido más que una broma de Halloween sacada de contexto. No obstante, este suceso elevó su programa a lo más alto de las audiencias y supuso el primer gran paso de su exitosa carrera.

Fuente: skepticalteacher.wordpress.com

3. Si no estás seguro de lo que dices… no lo digas.

Es un mecanismo de precaución básico, pero nunca está de más recordar que debemos estar completamente seguros a la hora de afirmar algo. La aparición de los social media sólo ha convertido esta medida en algo todavía más necesario, ya que los tiempos se han reducido. Desde el momento en el que lanzas un tweet o publicas algo en Facebook, el contenido deja de pertenecerte sólo a ti. Aunque borres dicho contenido inadecuado de tus perfiles, siempre habrá alguien que lo haya captado y que esté en posición de atacarte por ello.

El caso: El presidente Harry Truman se enfrentaba en 1948 a unas reñidas elecciones con el republicano Thomas Dewey. El Chicago Tribune, uno de los periódicos más importantes de EEUU y uno de los partidarios más firmes del Partido Republicano, atribuyó la victoria a Dewey en las primeras horas de la noche electoral. Debido a los primeros datos que obtenían de los centros de votación y a la información de su corresponsal en Washington (que había predicho con éxito el resultado en comicios anteriores), el Tribune no dudó en sacar una primera edición con el titular “Dewey defeats Truman” (Dewey derrota a Truman). No obstante, los datos que había utilizado eran parciales y el instinto de su famoso corresponsal había fallado esta vez. Truman fue elegido presidente y el Chicago Tribune tuvo que admitir uno de los más célebres errores periodísticos de la Historia de su país.

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4. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.

140 caracteres en Twitter, 6 segundos de vídeo con Vine… estos ejemplos demuestran claramente el espíritu que debe regir la comunicación empresarial a día de hoy. El consumidor de hoy dispone de un número abrumador de fuentes de información que se renuevan en intervalos cada vez más breves de tiempo. No hay tiempo para leer grandes informes sobre las bondades de un producto o de una empresa; una buena tarea de comunicación consiste en captar la atención del destinatario y convertirlo en un cliente.

El caso: El discurso de Gettysburg es, probablemente, uno de los ejemplos más brillantes de oratoria política en la época contemporánea. Fue pronunciado en noviembre de 1863 por Abraham Lincoln, en la ceremonia de consagración del cementerio donde se enterrarían los restos de los soldados fallecidos en la célebre batalla de Gettysburg (Pennsylvania). Para el acto se planteó una gran ceremonia con intervención de varias celebridades que debían culminar con el discurso del presidente Lincoln. La oración, conducida por el veterano político Edward Everett, duró cerca de dos horas. Sin embargo, cuando Lincoln subió al estrado, apenas habló durante un par de minutos. En dos hojas manuscritas, el presidente había condensado su filosofía política, las razones de la Guerra Civil que azotaba Estados Unidos y la supremacía del principio de la igualdad. Cuando Lincoln volvió a su asiento, los oyentes estaban tan confusos que los aplausos se hicieron de rogar más de lo oportuno. Muchos de los presentes ni siquiera habían terminado de acomodarse para oír al presidente. A pesar de ser uno de los discursos más célebres de la Historia, sus contemporáneos lo recogieron tímidamente y sin grandes reacciones.

5. No sólo importa qué se dice, sino cómo se dice.

Ya hemos dicho un poco más arriba que vivimos en un mundo dominado por la imagen. Esto no implica que el mensaje deje de ser importante, pero sí altera los paradigmas clásicos de la comunicación. El canal de comunicación que escojamos o la actitud con la que se enfoque el mensaje resulta casi tan importante como el contenido de lo que intentamos transmitir.

El caso: En 1960, Estados Unidos se enfrentaba a una de las elecciones más ajustadas de su Historia. De un lado, el senador John F. Kennedy, miembro de una de las familias más poderosas de Norteamérica, aspiraba a poner fin a ocho años de gobierno republicano, para lo que tendría que derrotar al entonces vicepresidente, Richard Nixon. En esta época, el ideario político de ambos partidos era muy similar de modo que los dos candidatos defendían posturas muy próximas en cuanto a política externa e interna. El 26 de septiembre, Kennedy y Nixon se enfrentaron al primer debate político televisado de la Historia. El candidato demócrata demostraría durante esta emisión que su adaptación al nuevo canal de comunicación bien podía servirle para llegar a la Casa Blanca. Nixon hizo caso omiso a sus ayudantes y no preparó prototipos de respuestas, además no dejó que le maquillaran, iba vestido de color claro y su aspecto denotaba el cansancio producido por una reciente estancia en el hospital. Kennedy, por el contrario, portaba un esplendido traje oscuro con camisa azul (fijaos en cualquier debate presidencial posterior y veréis cómo este caso ha marcado escuela), había repasado una y otra vez los temas más importantes e, incluso, había tomado el sol para tener un aspecto más saludable. Una vez finalizado el debate, las encuestas no se hicieron esperar. Los oyentes del debate por radio habían considerado a Nixon vencedor del mismo, pero los que lo habían seguido por televisión daban por ganador a Kennedy. Dos meses más tarde, y por un estrecho margen, JFK se convertía en presidente de EEUU.

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